El comercio exterior de Chile se realiza a través de 31 puertos, de los cuales 25 están emplazados en municipios que tienen centros urbanos, en los que habitan 2,3 millones de personas[1]. Las particulares características geográficas de estos lugares han permitido que la actividad portuaria se desarrolle en su entorno, lo cual también se ha extendido hacia otros sectores como el transporte, el comercio, los servicios y el turismo, que también están vinculados a las actividades marítimas y portuarias. En el siguiente cuadro se indican los municipios o ciudades que tienen puertos, clasificados por la transferencia de carga y por el tamaño de su población.

Ciudades que albergan puertos de comercio exterior

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Fuente: Elaboración propia.

La presencia de los puertos en estas localidades genera beneficios y costos, los que se deben administrar adecuadamente para aprovechar mejor los primeros y aminorar los segundos. A su vez, estos efectos operan en ambas direcciones: tanto las ciudades como los puertos se benefician de una interacción positiva. Ambas partes forman un sistema único, por lo que las oportunidades se encuentran en las múltiples relaciones que se producen entre los puertos, la comunidad local y el gobierno de la ciudad.

Efectos económicos de la actividad marítima portuaria

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Fuente: Elaboración propia.

La capacidad para insertar la actividad marítima y portuaria en el proyecto de desarrollo de la ciudad, depende de dos aspectos:

  • De la Gobernanza del proyecto, lo que incluye tanto la competitividad del puerto como su capacidad de gestionar adecuadamente su relación con la ciudad y sus autoridades.
  • Y de contar con Ciudades potentes, que den sostenibilidad al desarrollo del puerto, es decir, que cuenten con capacidades para adoptar, ajustar y desarrollar tanto infraestructura como regulaciones locales que permitan engarzar las actividades portuarias con los intereses locales.

El proyecto de desarrollo de la ciudad pone el cimiento que permite construir una relación de beneficio mutuo en el largo plazo, porque recoge la visión de la ciudad y la estrategia para alcanzar las metas compartidas en diversos ámbitos (social, industrial, ambiental, comercial, entre otros).

Desde este enfoque, las instancias de coordinación de Ciudad Puerto, establecidas en la Ley 19.542 son insuficientes al no tener una misión clara y además al estar al alero de esa ley deja fuera a los puertos privados del DFL 340.

El desafío que enfrentan las ciudades – puerto es lograr que estas interacciones generen un proceso virtuoso que permita obtener ganancias de productividad y mejores oportunidades de desarrollo para todas las partes, incluyendo la atracción de inversiones y de capital humano avanzado, de modo de asegurar la competitividad de la economía local.

Propuestas

  • Formalizar mecanismos institucionales flexibles para organizar la interacción entre la ciudad y los puertos públicos y privados, incorporando explícitamente las perspectivas de desarrollo de ambas partes, identificando sinergias y mecanismos de resolución de controversias.
  • Desarrollar un proyecto orientado a incrementar los efectos económicos de la actividad marítima y portuaria en las economías locales, a partir de un diagnóstico validado técnicamente. Este trabajo debe estar vinculado a una política de desarrollo de nuevas actividades encadenadas con el sector marítimo y portuario (educación, servicios, inversiones manufactureras, y actividades ligadas al borde costero) incorporando al gobierno municipal y la colaboración público – privada.
  • Desarrollar una agenda para la gestión sostenible del sector marítimo, incorporando prácticas de trabajo, uso de energías, emisión de ruidos, gestión de desechos, monitoreo y reporte ambiental, e incorporación de tecnologías que logren una relación de armonía con el medio ambiente y la comunidad.