• 3 abril, 2018

Los puertos chilenos nos conectan con el mundo, movilizando más del 90% de la carga de exportaciones e importaciones del país. Así, la dinámica de la actividad marítima y portuaria está intrínsecamente vinculada al desarrollo del comercio exterior.
La actividad ha crecido constantemente debido a un aumento del intercambio comercial a nivel global, a lo cual se suma un cambio en la distribución espacial y temporal del transporte de carga. Tras la ampliación del Canal de Panamá, arriban a nuestras costas buques de grandes dimensiones, con mayor capacidad para transportar grandes volúmenes, lo cual produce una concentración de carga en menores ventanas de tiempo. Esta nueva estructura de la demanda por los frentes de atraque de nuestros puertos y su conectividad con el territorio plantea un enorme desafío para el sistema logístico nacional.

A pesar de que los puertos chilenos cuentan actualmente con la infraestructura necesaria para enfrentar mayores volúmenes de carga en menores tiempos, sus accesos y la conexión de los puertos con los centros de generación y recepción de cargas se presentan importantes cuellos de botella. Las redes viales de ciudades como Valparaíso, San Antonio, Antofagasta, Iquique y Concepción sufren de alta congestión y la situación se agravará con el aumento de la concentración del tráfico de camiones desde y hacia los recintos portuarios.

Esta realidad debe abordarse, en parte, a través de un trabajo conjunto entre los puertos y sus municipalidades, diseñando soluciones apropiadas que se ajusten a su realidad local, pero también mediante la implementación de una red ferroviaria de transporte de carga, como componente de una solución logística integrada al sistema. El sistema ferroviario no sólo es eficiente desde el punto de vista del movimiento de productos de comercio exterior, sino también desde las ventajas medioambientales y de seguridad que aporta.

Por otro lado, cualquier medida que se adopte para solucionar los cuellos de botella del sistema logístico requiere una mayor coordinación entre los actores públicos y privados que participan, mediante una institucionalidad robusta capaz de conciliar los distintos intereses, necesidades y recursos.

La clásica fragmentación institucional del sector entorpece la necesaria coordinación entre los actores. El esfuerzo de quienes participan del sistema logístico sirve poco sin una institucionalidad potente que coordine y guíe el trabajo de los actores involucrados y destrabe los cuellos de botella que exhibe la operación del sector.

Llegó la hora de iniciar una nueva etapa, que debiera estar marcada por una coordinación sectorial eficaz, liderada por el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones. Consideramos esencial fortalecer la Comisión Nacional para el Desarrollo Logístico (Conalog), transformándola en una instancia con mayor representación y capacidad de acción. Para ello, debieran integrarse a la Comisión los ministerios de Economía, Defensa, Trabajo y Vivienda y Urbanismo, con la vicepresidencia de la Comisión en el Ministro de Economía, quien está encargado de velar por la competitividad de la economía nacional. A su vez, se debe dotar al Comité de atribuciones para determinar reservas de espacios costeros con aguas abrigadas para uso portuario y disponer las áreas de apoyo necesarias, logrando los consensos previos y las resoluciones necesarias para reservar este uso.

Si no contamos con una institucionalidad robusta corremos el riesgo de perder competitividad como país. A pesar de que Chile ha mantenido una posición de liderazgo en Latinoamérica en los indicadores de desempeño logístico internacional, no hemos tenido mayores avances en los últimos 7 años, dejando el espacio para que otros países tomen ventaja.

Fuente: El Mercurio de Valparaíso